lunes, 14 de marzo de 2016

MITOS SOBRE LOS ALIMENTOS DIETETICOS




ALIMENTOS DIETETICOS
 Dra. Valeria Matzkin


La cultura actual está plagada de oferta de dietas, tratamientos estéticos, drogas para adelgazar, máquinas de ejercicios etc. A su vez, el alimento se impone como un bien más de consumo, manipulado por la industria alimentaria. Lanzan al mercado alimentos novedosos, coloridos, empaquetados, con mayor tiempo de conservación, con propiedades nutricionales específicas. El marketing está dirigido a poblaciones determinadas: niños, adolescentes, adultos, tercera edad, etc.


Un mito es un relato tradicional que evoca una historia imaginaria y que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa, dándoles mayor valor del que tienen en realidad. Los mitos forman parte del sistema de creencias de una cultura o de una comunidad, la cual los considera historias auténticas. Muchos de los mitos alimentarios que  las personas consideran verdaderos carecen de fundamento científico.


En la Argentina se ha visto incrementado notablemente el consumo de alimentos dietéticos asociado con la promoción del adelgazamiento (Gioberchio, 2007).Este texto tiene como objetivo reflexionar sobre la información que circula en la media y en el saber popular sobre los alimentos dietéticos. Asimismo, se propone confrontar los mitos con evidencia científica a fin de obtener conclusiones de los beneficios o detrimentos de su consumo.


 




Existe el mito que lo dietético no engorda. El Código Alimentario Nacional describe a un producto dietético como aquél al cual se le ha quitado o agregado algún componente, por ejemplo se substrae sodio, se adiciona salvado o gluten. Por otro lado, éstos se confunden con los productos light que son aquellos a los que se ha reducido calorías respecto a su versión original (como mínimo 30%) y por lo tanto, pueden ayudar a llevar una dieta de adelgazamiento. Sin embargo, dichos alimentos igualmente aportan calorías por lo que un abuso de los mismos, también puede producir un aumento de peso. Un trabajo de investigación demostró que más del 80% de las mujeres  encuestadas, no tenían en claro el significado de “Light” y el 86% no sabía la diferencia entre “Light” y “Diet”, en tanto que la mitad de las encuestadas, manifestaron que consumían productos light con la intención de adelgazar (Escudero, 2009).


Los alimentos suelen categorizarse, de forma extremista, en buenos y malos; permitidos y prohibidos, dietéticos y caloríficos. En materia alimentaria, todo lo que se prohíbe se anhela o todo lo que se reprime se desea (Freud, 1900) y cualquier exceso se vivencia como infracción. Para ejemplificar, se eliminan totalmente de la dieta ciertos alimentos, como los dulces, y se desean constantemente durante ese lapso.


Las dietas van generalmente acompañadas por la ingesta de alimentos dietéticos, bajo en calorías, hipograsos, reducidos en azúcar, etc. Estos alimentos juegan una encrucijada psicológica y muchos piensan que se pueden comer libremente. La dieta puede alterar la actitud con la que normalmente una persona se relaciona con la comida. Los dietantes habituales usualmente se relajan cuando se ofrecen productos dietéticos y hasta pueden comer el equivalente o más del mismo producto no dietético. Podría entonces pensarse aceptable la ingesta de un paquete de galletitas de salvado, gratificación que no se lo permitirían con galletitas blancas. Incluso se ha descripto la obsesión por la ingesta de sólo alimentos dietéticos como parte de un trastorno alimentario llamado ortorexia.


Por otro lado, existe evidencia biológica que los alimentos dietéticos no necesariamente ayudan a adelgazar y hasta pueden estimular el apetito. Se destacan las investigaciones realizadas sobre los endulzantes no calóricos como el aspartame y la sacarina. Se ha demostrado que los bebedores de gaseosas dietéticas sufren  los mismos problemas de salud que los que optan por la gaseosas azucaradas, incluyendo un aumento excesivo de peso, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y derrames cerebrales (Fagherazzi, et. al. 2013).


Los endulzantes artificiales no funcionan como lo anuncian porque el cerebro no se deja engañar por el sabor dulce sin la presencia de calorías. Cuando comemos algo dulce se libera dopamina y el centro de recompensas del cerebro se activa. La hormona leptina reguladora del apetito también es liberada, lo que eventualmente informa al cerebro que está "lleno" una vez que se han consumido una cierta cantidad de calorías. Por el contrario, cuando consumimos algo dulce pero no calórico, la vía de placer del cerebro aún está activada por el sabor dulce, pero no hay nada para desactivarlo, ya que su cuerpo todavía está en espera de las calorías (Frank et. Al, 2008).


Cabe destacar que existen límites aceptables para los edulcorantes artificiales discriminados para niños y adultos (FDA). Su  consumo ilimitado muestra efectos nocivos para la salud, que incluyen desde tumores hasta parto prematuro.


Por lo antedicho se sugiere usar los alimentos dietéticos con moderación y bajo indicación dieto-terapéutica para las patologías que sean necesarios, por ejemplo el empleo de alimentos con bajo contenido en azúcares simples en diabetes u obesidad. Se torna especialmente importante observar las pautas de consumo de alimentos dietéticos en dietantes crónicos, en adolescentes y niños. En estas situaciones el abuso de alimentos dietéticos puede ser perjudicial para la salud.



 

Conclusiones


Se describieron los mitos y usos de los alimentos dietéticos y se cotejaron con la evidencia científica. Se concluye que los alimentos dietéticos deben ser indicados bajo prescripción y supervisión dieto-terapéutica, especialmente en dietantes crónicos, en adolescentes y niños que son las poblaciones de mayor riesgo.



Bibliografía


Código Alimentario Nacional, Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca de la Nación.


Escudero, MB. (2009) “Conocimientos y manejo de alimentos Light en la población femenina de Curuzú, Cuatia, Corrientes, Santo Tomé Corrientes”, Instituto Universitario de Ciencias de la Salud, Fundación Barceló.


Fagherazzi G., Vilier A., Saes Sartorelli D., Lajous M., Balkau B., Clavel-Chapelon F. (2013) “Consumption of artificially and sugar-sweetened beverages and incident type 2 diabetes in the Etude Epidemiologique aupres des femmes de la Mutuelle Generale de l’Education Nationale-European Prospective Investigation into Cancer and Nutrition cohort”, Am J Clin Nutr., 97, 3, 517-23.


FDA, Food and Drug Administration, USA, http://www.fda.gov/default.htm, acceso Abril 2015.


Frank G., Oberndorfer T.A., Simmons A.N., Paulus M.P., Fudge J.L., Yang T.T. & Kaye W.H. (2008) “Sucrose activates human taste pathways differently from artificial sweetener”, NeuroImage, 39, 4, 1559-1569.


Freud, S. (1900) “Obras completas”. Traducción José Luis Etcheverry. Buenos Aires & Madrid: Amorrortu Editores, Volumen IV. La interpretación de los sueños (I).


Gioberchio, G. (2007) “La venta de alimentos light, un récord: creció 21% en un año”, Clarín, http://edant.clarin.com/diario/2007/11/03/sociedad/s-04815.htm, acceso Junio 2015.




viernes, 12 de abril de 2013

PERFUMEMOS LA COMIDA



PERFUMEMOS LA COMIDA

El aroma juega un rol de anticipo en la ruta del comer, explora la comida antes que la comamos, participa en el placer de comer. Así surge la nueva oleada gourmand que tiende a fabricar perfumes usando notas que evocan alimentos dulces, en una mezcla de olores y sensaciones. El olor se impregna en la piel, se absorbe por los tejidos sin pasar por la boca. Transitamos otros sentidos, la nariz, el olfato, el tacto. Salteamos el gusto. Nos aromatizarnos. Vivimos la ilusión de que comemos  lo olfateado. ¡Qué frustración la del desplazar el deseo! Un baño de inmersión con gotas de vino: pero en realidad lo que queremos es consumirlo! Cremas texturizadas de vainilla, aunque preferimos un beso dulce con sabor humano. No deseábamos el jabón con aroma de chocolate sino una barra de chocolate. En el lenguaje de los sentidos prima la metáfora. ¿Obtenemos lo  que realmente necesitamos?
Escasas palabras expresan los olores, las sensaciones se volatilizan y los describimos por asociaciones. Hay olores frágiles y olores muy persistentes que te embriagan y no te dejan sentir otro olor. Olor acido, aromático, confortante, dulce, suave, podrido, fresco, limpio, frutal, rico, estimulante, fuerte, exótico….
Hay olores que los conocemos desde siempre, olores que evocan el pasado y olores nuevos que nos sorprenden. Aprendemos a identificar olores si están asociados a algo conocido familiar y cotidiano, en este caso la comida. Nos seduce el olor de una torta recién horneada o de chocolate caliente y quisiéramos retenerlo en nuestro olfato. Así nació la nueva fragancia aromática; perfume de tiramisú y chocolate, colonia de hamburguesas, talco de jamón y queso. Y sí, ¿por qué no oler como nuestra comida favorita?

Sentir un olor puede incentivar la sensación de hambre. Sentimos y queremos. También puede suceder que un olor te traiga un mal recuerdo, desestimando la idea apetitiva. Olores nauseabundos y vomitivos.  Si lo husmeamos mucho no lo comemos. Entonces hay olores que engordan y otros que adelgazan.¿ Estamos realmente obsesionados con la comida hasta el punto de tratar de ingerir el perfume? Pareciera que la comida es insuficiente. Que necesitamos MÁS para saciarnos. Necesitamos todo, necesitamos no solo comer sino oler tocar, ver, escuchar sobre comida. Pareciera exigirse la capacidad multifuncional, multiabarcativa, pluriemocional de los sentidos. ¿De este modo, nos quedaremos satisfechos?

Dra. Valeria Matzkin

 

domingo, 7 de octubre de 2012

La Bella Durmiente



“Benefits Supervisor Sleeping” es el cuadro subastado que batió el record (US 33, 641, 000) de cualquier pintor vivo hasta entonces. Precio que se paga por la valentía de semejante modelo y del pintor que se atreve a testimoniar tal espectáculo. La abundante flacidez. El estereotipo del gordo vago, perezoso, dejado, ocioso. Lo buscado pero no deseado…

Se ansia lo esqueletico, se vende lo obseno. Sociedad que consume lo gordo, lo rebosante y paradójicamente lo vive como asqueroso, espeluznante. Se torna tan desagradable que gusta. Contradicción que atrae y angustia, que despierta lo mórbido y deprime lo existente.

Al referirse a este cuadro Freud rescató: “mi ojo se posaba naturalmente en el dolor y los roces generados por el gordura y el calor”, "pinto lo que no se quiere mirar". Lucian Freud hereda la sensibilidad de su abuelo Sigmond Freud al describir el sufrimiento humano. Inmortalizó en su grotesca voluptuosidad la figura obesa de una bella durmiente contemporánea.
Dra. Valeria Matzkin 

lunes, 15 de agosto de 2011

WI FI and FOOD

WI FI AND FOOD era el gran aviso de un café de aeropuerto. Y estaba LLENO. Reparo en pensar… que más querría yo en este momento. Comer y conectarme. El comer me alivia el hambre, me calma y disipa mi malestar ante la espera ansiosa del avión. La computadora y sus posibilidades ilimitadas de relación e imaginación me sacian mis ganas de socialización. Facebook me mantiene conectada con lo que hicieron, hacen y harán los conocidos, familia, amigos. Conserva mi relación con los otros. El ciberespacio permite satisfacer mi saber de una manera instructiva y sin presión de exámenes o diálogos aburridos con eruditas. La Internet lo sabe todo. Y también, porque no, mientras ingiero navego hacia lugares inhóspitos. Y mientras como me olvido de lo que como, de cuanto como. Mastico y trago de una forma proporcional a la velocidad de conexión: 5 Mbps. 

Ya algunas cadenas de fast-food  ofrecen el servicio de  Wi-Fi en sus restaurantes para supuestamente crear un ambiente tranquilo y brindar algo extra, un plus. El servicio extra apuesta a que la gente se quede mayor tiempo en el restaurante y consuma más. La copla de actividad: comida/digitalización parece funcionar. Hasta algunas políticas sociales la han masificado ofreciéndole Wi-Fi gratuito a toda la población. Pero claro, nada es gratis… hay un precio.

COMER y NAVEGAR
es una experiencia PLENA de los sentidos.  Destrezas de  PluriATENCION, atiendo el teclado con la mano, atiendo el sonido con auriculares o siguiendo el Click del mouse, atiendo lo que leo, y por supuesto atiento la boca. Comer sin mirar, devorar sin sentir, estar sin presenciar. La masticación se acelera, la digestión se dificulta, nos indigestamos, el metabolismo se lentece. Comemos más de lo que registramos. Consumo ilimitado, navegación ilimitada por las redes de la Internet. El automatismo de repetición entre mano- boca, mano-ojos se sincronizan.  Mantienen los sentidos ocupados y posesionan al sujeto en un autismo sin freno, irresistible; consumados al acto de incorporar.

La obesidad es una enfermedad del desborde. Sujetos con escasa actividad física que se someten largas horas enfrente a PANtallas. Internet en casa, cibercafé, Wi-Fi, blackberry. Esta en todas partes, es un bien más de consumo.

El comer como una experiencia social, reúne a la familia, incita la comunicación al opuesto del comer mientras WEBeo como una experiencia solitaria. Resulta una par adoja que en esta época de tanta comunicación lo que se ha masificado es la soledad. Wi-Fi es el "extra" más necesario. Es la búsqueda de amor enmascarada en el objeto de deseo. El otro como objeto: la computadora, la comida. Y de esto se disfruta, en un goce desolado, ermitaño y sin otro. Sin cuestionamientos. Una aniquilación del lazo social corporal.

La experiencia del placer siempre incluye un más allá del principio de placer, se usa algo placentero hasta el extremo, hasta saturarlo y que nos haga mal. Así como alguien se atraca de alimentos puede atracarse de objetos de otro tipo. La adicción a las actividades en línea incluye: la compulsión por las subastas, la navegación web, el juego de azar, el ciber-sexo. Internet parecería imponerse como un espacio virtual donde ALIMENTAR otros trastornos. ¡Llega el avión!….  como hipnotizada me cuesta distanciarme del resplandor del aparato para el encuentro con lo real.
Dra. Valeria Matzkin